Toma la efigie,
lobreguez. Sombra fría de soledad.
Que me aburren
los acordes tristes y la melodía alegre
me aborrece más.
Ya he buscado
mil grafías para renovar mi copla.
Pero no se
purifican los pulmones cuando el hálito no sopla.
Lo intento,
les juro que lo intento.
Pero no consigo
corren sobre el agua, la tierra o lo que sea que me aterra.
Y no me
entiendo. Miento si les digo lo que siento.
Ni al espejo
que revela todo lo que el alma encierra.
Y dirán que soy
un hombre inconforme, que vendo arrumacos en un lenocinio.
Pero cuando hubo
un cuarto puro, lo mancharon unas hebras.
En mi orgullo
soy mi actor favorito. Y en mi lápiz ando a punto del suicidio.
Si quieres
una definición de mí, quizás no sea lo que esperas…
Soy otro
pendejo más, escribiendo quien sabe qué. Bajo lo que dejaron las providencias.
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