Hoy
me concibo a perpetuar.
A
comprender los cogollos secos que impele la briza,
Los
cutres encandilamientos.
Hoy
me detengo a menoscabar,
Las
nulas verdades de sus voces remisas.
Explotando
versos, moliendo prosas, quemando poesías.
Prorrumpes
de un eco a través del mar.
Vegetas
en el tiempo de la ansiedad.
Sucumbes
en la eficacia de tu palpitar.
Hoy
me citas cleptómano de libertad.
Yaciste
en mi trampa por concebir, una réplica sin cuestión.
Prorrumpes
de la candidez de una caricia.
Vegetas
en el primer beso que sensibiliza.
Sucumbes
en el pecado de la codicia.
Aún
me dices te amo con una tocada sonrisa.
Prorrumpes
del hambre a la piel.
Vegetas
en mi primer deseo.
Sucumbes
tomando mi hiel.
Hoy
eres el oro que no veo.
Fui
un ave sin holgura, posando entre cabellos.
Prorrumpes
de un lamento.
Vegetas
jugando al “veo veo”.
Sucumbes
en el amor que no siento.
Hoy
arrumbas en menos de lo que creo.
Prorrumpes
del cáliz de vitalidad.
Vegetas en la consagración por redactar.
Sucumbes
en el veneno tallado a mano.
Hoy,
un sabor a menta sin néctar.
Pené
en los recuerdos y resucité en lo anónimo.
Tú,
hazme profesar que no tuve pasado.
Bébete
mi sed, escupe lo salado.
Concédeme
un pergamino para cifrar nuevas historias.
Yo
apostaré los versos que nos carguen a la gloria.

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