¡Basílico traga autoestima!
Lúgubre espejo, sin reflejo.
¿Contra la voluntad de quien?
Solo de diez papeles menos.
Beodo nocturno para olvidar el mañana.
Desnudando asi lazos averiguados.
Dama y el desvarío en su membrana,
mimo de risas y ojos lagrimados.
En tu espera intrigada,
expedida a su tinta.
¡Moneda maldita, oxidada!
Sea tu alma por siemre bendta.
Hoy vestida de blanco muerte,
yo calzando negro vivo,
un trago de sangre en nombre de la gente,
te llevo de la sin reclamo a tu divino.
El último paso ya hemos de dar.
Ahí esta tu juego, yo digo adios.
De la mano al altar he de entrear,
a el arte perfecta de Dios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario